Zarzosa, Treviño y los orÃgenes prerromanos de fanegas y obradas
Las obradas y las fanegas son unidades de medida de la superficie agraria usadas en las provincias de Burgos y Palencia.
Obradas y fanegas son medidas de superficie incompatibles y difÃcilmente convertibles entre sÃ. Su distribución geográfica al norte del RÃo Duero no coincide con los lÃmites provinciales de Burgos y Palencia, ni con ninguna lÃnea de demarcación polÃtica o administrativa antigua o moderna y tampoco coincide en general con fronteras "naturales".
Hay algunos otros rasgos etnológicos cuyos lÃmites coinciden con el de las obradas y las fanegas y marcan una lÃnea clara que separa dos zonas compactas y bien diferenciadas.
Si observamos en un mapa esta "raya", vemos que coincide con lo que sabemos de las antiguas fronteras entre varios pueblos prerromanos (vacceos, cántabros y turmódigos) establecidos en esta zona de la cuenca del Duero. Esa frontera tiene un anclaje especialmente concreto, un "punto fijo" de referencia en el topónimo Treviño y el rÃo Odra.
La primera derivación del "mapa de obradas y fanegas" es que nos ofrece una delimitación, probablemente la más exacta hasta el momento, de las fronteras de los vacceos (obradas) con sus vecinos los cántabros y los turmódigos (fanegas).
La segunda implicación del mapa de obradas y fanegas, tiene mucha mayor envergadura histórica. La permanencia de esa "frontera etnológica" desde la época romana hasta la actualidad requiere necesariamente la permanencia y continuidad de la población en esta zona del norte del Duero.
Obradas y fanegas son conceptos, es decir, entidades que residen exclusivamente en las mentes de las personas que las emplean. Tales conceptos, fundamentales en las comunidades agrÃcolas, están siempre referenciados a unas fincas concretas situadas en unos puntos concretos.
Cualquier desplazamiento o sustitución de la población darÃa lugar al correlativo desplazamiento o sustitución de una unidad de medida por otra o, al menos, la ruptura de la lÃnea de delimitación y la aparición de "enclaves" más o menos extensos.
Por consiguiente, tenemos que considerar como necesaria (conditio sine qua non) la continuidad de la población de las provincias de Burgos y Palencia al norte del rÃo Duero a lo largo de toda la Edad Antigua y Media y, por tanto, nos vemos obligados a cuestionar las teorÃas de la despoblación y posterior repoblación del valle del Duero (y todo el relato tradicional de la Reconquista) porque son incompatibles con los datos verificados y comprobables que implican la permanencia de rasgos y fronteras etnológicos.
Parece que no existió despoblación, ni voluntaria, ni forzada, porque, si no, tales lÃmites habrÃan desaparecido, y tampoco pudo haber una repoblación significativa, porque, en ese caso, los repobladores habrÃan traÃdo consigo las fanegas y no encontrarÃamos las obradas por ninguna parte o habrÃa "islotes" de fanegas entre las obradas. Por consiguiente, debemos suponer que la "reconquista" no fue como nos la han contado.
Existen otros argumentos, relacionados con el origen de la lengua castellana y con el carácter romano de los concejos castellanos, que desde campos diferentes convergen para apoyar esa misma tesis de la continuidad de la población al norte del rÃo Duero.
Al mismo tiempo, tales datos lingüisticos y jurÃdicos son una muestra palpable de la intensidad del proceso de romanización de la Castilla primitiva y de la escasa influencia de los visigodos en la lengua y las instituciones castellanas primitivas.
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