El coste del progreso
El estado de bienestar tal y como lo conocemos está sufriendo, y sufrirá, profundas reformas en los próximos años. El equilibrio entre prestaciones y desarrollo se ha quebrado. Nos encontramos en una situación crítica en la que una parte considerable del presupuesto nacional se dedica a mantener en funcionamiento la ingente estructura estatal, autonómica, provincial y local.
La excesiva burocracia provoca la necesidad de personal para mantener todos los registros al día, retrasa cualquier trámite por pequeño que sea, consume recursos públicos y provoca situaciones de impotencia en los ciudadanos. Es una manera de controlar hasta el detalle más pequeño, incluso a veces con duplicación de personal en diversas administraciones, además de tener un alto coste.
Las administraciones sólo deberían gastar de acuerdo con su capacidad y sin déficit. Muy importante que no se gaste de más, evitando especiamente las inversiones no orientadas a incrementar el tejido productivo si no hay recursos suficientes.
La subida de impuestos para corregir la ineficiencia en la gestión de los recursos públicos es la medida que más se está tomando últimamente, provocando una sangría permanente en la capacidad de gasto y ahorro de familias. Si se gasta menos dinero, se contrae el mercado interno, demandándose menos productos y servicios. Esto desemboca en la destrucción de empresas y puestos de trabajo. Si el dinero ahorrado es menor, hay menos posibilidad de inversión, provocando un parón en la creación y el crecimiento de las empresas.
Muchas administraciones públicas, en todos los niveles, están teniendo problemas para pagar a las empresas que les prestan servicios, provocando la quiebra de muchas de ellas. No abonar los miles de millones de euros que deben ha sido una de las principales causas de una tasa de desempleo por encima del 20% de la población activa.
La situación es crítica, pero somos conformistas. Es exigible que la casta gobernante en todas las instituciones públicas trabaje por sacarnos de este agujero en el que su falta de previsión nos ha metido. Ahora, cualquier medida mal adoptada no hará más que estrangular la maltrecha situación por la que estamos pasando... y lo que nos queda.
